Ojos de Espectadora a la Maternidad
En el último viaje que realicé, la vida me llenó de aprendizajes, paisajes, experiencias y sobre todo, de amistades nuevas realmente enriquecedoras. Conocí intelectuales, personas viajeras, trabajadoras, estudiantes, familias, y mujeres jóvenes madres, de quienes obtuve un aprendizaje enriquecedor y me han hecho reflexionar en estos días después de mi regreso.
Por medio un amiga, veinteañera igual que yo, pero mamá de un niño hermoso, estuve en contacto con varias mujeres madres, quienes compartieron conmigo un poquito de ellas. Fue a través de sus historias, simples comentarios y/o preguntas que tuve a un acercamiento "desde la barrera" a la maternidad, a partir de la cual quiero compartir mis pensamientos con ustedes.
En este grupo de madres pude ver como la maternidad se había convertido en un acontecimiento determinante en sus vidas, ya que, como discurso en común, decían que si bien el ser mamá les tomó por sorpresa (algunas ni siquiera se imaginaban siéndolo) una vez que tuvieron a sus bebés en brazos, caían en cuenta iba ser algo importante, por lo que iban asumir esa tarea lo mejor posible, brindándoles a sus hijos e hijas lo mejor de ellas mismas, tomándola como una etapa de cambio y crecimiento.
Además observé que, en este compromiso hacia sus hijos e hijas, la práctica de una crianza respetuosa, en donde la comprensión, la cercanía, la escucha y la validación del sentir del niño o niña, eran genuinas. Para mi era hermoso el ver como las mamás ayudaban a sus hijos e hijas a traducir aquello que estaban sintiendo y muchas veces los sobrepasaban, y como los afectos jugaban un rol importante en el descubrir y aprender del mundo.
Además observé que, en este compromiso hacia sus hijos e hijas, la práctica de una crianza respetuosa, en donde la comprensión, la cercanía, la escucha y la validación del sentir del niño o niña, eran genuinas. Para mi era hermoso el ver como las mamás ayudaban a sus hijos e hijas a traducir aquello que estaban sintiendo y muchas veces los sobrepasaban, y como los afectos jugaban un rol importante en el descubrir y aprender del mundo.
Por otro parte, aunque la mayoría de ellas eran jovénes y su experiencia con niños y niñas era poca, y mucho menos niños propios, juntas habían formado una red de apoyo en donde compartían sus emociones, experiencias, buenas y malas prácticas, tardes de juegos y conversación, y hasta espacios de ocio y diversión (muy necesario), en donde las dudas y sentimientos de soledad o frustración, lograban ser contenidos y transformados. En este grupo conocí mujeres que solas se sentían débiles y muchas veces las dudas de si estaban haciendo las cosas bien o mal las agobiaba, pero que juntas, y de la mano con las otras mamás, recobraban su fuerza y tomaban ese impulso que hacia incrementar su determinación y motivación para lograr sus aspiraciones.
En fin, si bien siempre he creído que la maternidad fuera de ser algo que se trae (intrínseco) en el ser mujer, es una construcción social que es determinada por las vicisitudes de la época, regida por prácticas sociales, lo cual mantengo; gracias a este acercamiento pude ver en la realidad como la experiencia de ser madre puede transforma a las mujeres cuando esta se asume validando los sentimientos, los miedos y las experiencias previas, cuando no es forzada ni señalada, y cuando se cuenta con el apoyo correcto.
Ninguna de las mujeres madres que conocí eran perfectas, y habían caído una y otra vez, pero la fuerza y el amor que tenían hacia sus bebés, y hacia las unas a las otras, me hicieron a mi verlas como mujeres fuertes y ejemplares, de esas que se ocupamos actualmente para inspirar, para construir, para transformar.

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